CRÓNICA DE UN FERIANTE CON 200 AÑOS (23 DE SEPTIEMBRE)
I
Todo aquí es crianza,
para aumento de grosor esmerada crianza;
círculos concéntricos
centrifugándose en el tallo,
tallo de árbol
en la copia de árboles recién tumbados,
celosías tras celosías que se cierran,
como si se fuera a dormir,
sueño profundo.
Tajo
sobre las transparentes vértebras del corazón,
que castañetean como si fueran dientes.
Todo aquí es poda,
serrucho eléctrico sobre la parte blanda,
de estrella recién nacida;
desordenada amputación de uñas,
obús hasta la vena y en el recodo,
un riachuelo embravecido,
embravecido de rojo que se estanca;
se estanca en los ojos,
en la mirada del pez que fue pescado,
ojos puestos para no ser vistos,
en la gaveta,
junto a los repliegues del matasellos,
matasellos con un puerto de palos en sus entrañas;
con naufragio de tinta en el borde que bordea,
a carabela fondeada en el fondo del mar,
desapacible.
Matasellos que es ya hirviente lacre,
lacre sobre carta que no llegó a destino;
carta apresada en el sub-suelo,
de un buzón que había sido desplazado,
hacia las arenas del desierto;
inaccesible
para un estafeta cuyo caballo ha muerto;
carta que se pegó al viento y dando vueltas,
pegoteose en el vientre de un aferrado,
carta triturándose entre los dientes,
de un barrabás
que junto al escarpe del calvario,
espera turno;
en cuya boca todo es interjección,
medio camino entre el insulto y un balbuceo;
qué tenue es la línea entre lo vivo y lo muerto.
He aquí los manotazos de la ceguera,
que procura asirse a la memoria de la tierra,
mas ésta,
de ex profeso,
se ha desmemoriado y en el fondo del mar,
se despereza;
mecida por el vaivén de un centenar de cópulas
en la sentina de la embarcación,
se ha vuelto soñolienta.
II
Amputados los sentidos,
sobra la cuchara de áspera madera
en la sopa incoherente,
sopa en el tacho hirviente que rebosa,
las emociones van y vienen mientras tanto.
III
En ese estado la garganta erra,
erra en la respuesta,
erra y al errar las palabras,
como si fueran guisantes con dinamita dentro,
a punto de estallar
cabalgan en el pelambre del caballo muerto,
cabalgan
en el aceitado pelo de lo impronunciable.
Todo es crianza,
rizoma subterráneo por debajo de bitumen,
bitumen que no da paso;
es matasellos que cancela.
IV
En ese estado las letras,
las vocales,
son inaudibles interjecciones
de lo que aumenta de grosor,
grosor en la balanza de vacas y novillos
para un mejor marronazo desde el puente,
marronazo
sobre el ·sarandí· de la escollera (#);
allí donde muere ·mercado chico·(#),
en el diafragma muere de ·sostoa·(#),
junto al muro que guarda los guisantes,
las partes blandas y el cóccix,
cóccix de un feriante con 200 años.
En ese cubo me retraigo,
piso cuero,
vellón de lana sucia,
salazones;
ante tanto escozor,
se retraen las plantas de mis pies,
se desflecan las alpargatas que estoy calzando;
a causa de que en este sitio todo es crianza,
fruta podrida,
mal olor,
exótico fruto de güira,
aumento de grosor,
breve paseo,
sobre la floja cuerda del equinoccio es gala,
escaramujo silvestre con juego de la mosqueta;
+ allá del 23 de septiembre,
que me inunda.
#la escollera sarandí, las calles sostoa y
mercado chico, pertenecen a una vecindad
enmarcada por el puerto y la ciudad vieja
de montevideo; en esta inmediación trans-
currió la niñez de josé g. artigas, (19-6-1764-
23-9-1850)

mia dijo
Siempre te degusto antes de comentarte
eres el gusto de encontrarte y saborearte
pero hoy me traes retales agudos
de una ciudad(mía) al crudo estdo
que rechaza el pasado...
y obstinadamente defiende el hoy
donde a veces,se me muere el corazón
Te quiero amigo,te venero y admiro
eres cada día mejor...mejor...
♥♥♥besos♥♥♥
25 Septiembre 2008 | 02:34 PM